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El grabado netamente mexicano empezó a gestarse a principios del siglo xix, y se asentó con las ediciones de Antonio Vanegas Arroyo, quien publicaba estampas, volantes, panfletos que podrían considerarse la «nota roja» de la época, antologías de canciones y juegos para un mercado popular.

El primer dibujante y grabador de Vanegas Arroyo fue Manuel Manilla —Ciudad de México,1830—, cuyos primeros trabajos se publicaron en 1882. Él y su hijo eran grabadores, se retiró en 1892 —ante el empuje que ejercían las obras de Posada— y murió de tifo en 1895.José Guadalupe Posada nació en la ciudad de Aguascalientes en 1852, y se mudó a la Ciudad de México, donde se integró a la imprenta de Vanegas Arroyo en 1890.

Aunque las «calaveras» volvieron célebre a Posada, éstas sólo representan una fracción de las casi 20 mil imágenes que el grabador produjo. Diego Rivera, al seleccionar y publicar la obra de Posada, escribió: «Ninguno imitará a Posada, ninguno lo definirá. Su obra, por su forma, es toda la plástica».

Un ejemplo de que la obra de Posada se ha vuelto un emblema de México para el mundo, es el montaje ecuestre que el artista y cineasta francés Bartabás ha creado con base en las célebres calaveras a caballo.