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Por Zaira Cortés

Salir de casa una mañana lluviosa y caminar algunas cuadras para disfrutar del clima templado, preparar una cena especial para Navidad, organizar una fiesta de cumpleaños, desayunar en una mesita de madera frente a una ventana entreabierta que deja entrar la frescura de la tarde y una luz tenue. 

Durante años, Luís Ramírez hizo todas esas actividades en la más profunda soledad. Cada día se preguntaba cómo sería compartirlo con su madre, Silvia Barreto; su cotidianidad neoyorquina y las fechas especiales, como su graduación de la universidad tras años de esfuerzo y dedicación. 

Ramírez, un titulado de maestría, emigró a la ciudad de Nueva York a los 11 años de su natal Zacualpan, Morelos. Su padre había cruzado la frontera años atrás y se había establecido en El Bronx para la década de 1990. 

Luís contó que sus padres se separaron cuando él tenía 6 años. Al crecer, su padre decidió que su futuro sería en Estados Unidos, no en Zacualpan, un municipio pequeño en donde el trueque sigue siendo el método común para conseguir productos básicos, un sistema en desuso desde hace décadas en la mayor parte de México. 

Ramírez, un residente de Elmhurts, Queens, no volvió a reencontrarse con su madre hasta cumplir los 27 años, después de regularizar su estatus migratorio por medio del Programa de Acción Diferida para los llegados en la infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Sin embargo, sólo pudo estar con ella un par de días durante un breve viaje a México. 

“Fue un reencuentro fugaz tras años de separación. Sentí tanta frustración por no poder quedarme más tiempo, pero el permiso era por un corto tiempo y sólo por trabajo. No quería separarme nunca más de ella”, dijo Luís de 30 años. “Pensé que pasarían muchos años más para volver a verla. Siempre pensé que mi madre nunca vería las maravillas de Nueva York que yo le contaba por teléfono”. 

Pero lo que parecía un sueño se hizo realidad gracias al programa Corazón de Plata, una iniciativa de reunificación familiar similar a Raíces Puebla. 

El programa Corazón de Plata, impulsado por el gobierno de Morelos, costea el visado y el transporte aéreo de padres mayores de 60 años que no han visto a sus hijos inmigrantes por años, incluso por décadas. 

“Mi corazón se alegró cuando los organizadores dijeron que yo podía traer a mi madre. Estaba seguro de que jamás sucedería”, expresó el morelense. 

Un programa que siembra esperanza 

Doña Silvia Barreto, de 67 años, dijo que la noticia empapó de alegría su corazón de madre. 

“Mi hijo estuvo conmigo muy poquito tiempo cuando fue a México. No pude disfrutar de su compañía, abrazarlo, prepararle una comida especial”, dijo Barreto. “He visto morir a muchos padres de inmigrantes que esperaron décadas para volver a ver a sus hijos. Yo volví a tener esperanza cuando supe del programa. No quería partir de este mundo sin volver a ver a mi hijo”. 

Silvia comentó que nunca imaginó que algún día abordaría un avión. Esta abuela de dos nietos confiesa que Nueva York no es la preciosa ciudad que Hollywood muestra en sus películas. Un poco avergonzada admite que prefiere los verdes descampados de Zacualpan y su mercadito pintoresco. 

“Yo no vine a ver la Estatua de la Libertad, ni los rascacielos. Estoy aquí por mi hijo. Soporté más de 18 horas de viaje desde mi pueblo para abrazar a mi Luís. Esta es la primera vez, desde que él era un niño, que podré estar a su lado sin las prisas del tiempo. Tengo varios días para conocerlo un poco más, para hablar de todo lo que no nos hemos dicho”, expresó entre lagrimas la morelense.

También de felicidad se llora

Luís no contiene las lágrimas al recordar todas esas fechas especiales en soledad, lejos de su madre luego de que su padre volviera a México. Triunfos académicos, graduaciones, cumpleaños, navidades, un Día de la Madre sin su madre. 

Este graduado de Baruch College asegura que su vida se ha iluminado desde la llegada de su madre. Apenas han pasado algunas horas desde su arribo al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, pero desde entonces, cada actividad, por simple que sea, es mágica. 

“Esta mañana fui al mismo supermercado de siempre, pero nada fue igual que antes, porque mi madre estaba conmigo. El sólo hecho de comprar un poco de arroz y frijoles con ella me hizo muy feliz”, dijo con lágrimas en el rostro. “Ella cocinó arroz rojo y frijoles como se hacen en mi pueblo. Es como volver a ser niño y sentarme a comer con ella después de jugar o ir a la escuela. Este programa realmente cambia la vida de los inmigrantes, les da esperanza”. 

Los organizadores dijeron que 24 padres de Morelos, de entre 60 y 90 años, llegaron el jueves a la ciudad, pero otros grupos de padres ya se han reencontrado anteriormente con sus hijos gracias al programa Corazón de Plata.

La organización asegura que otro grupo de padres se encuentra tramitando documentos para viajar en las próximas semanas a la Gran Manzana. 

“Los padres de inmigrantes no tendríamos otra forma de ver a nuestros hijos. El programa es un regalo precioso, es el paraíso. No hay nada más bello. No hay milagro más grande que el recuentro de una madre con su hijo. Se dice que los hijos migran, pero sus corazones se quedan en Morelos, con sus padres”, dijo Silvia profundamente conmovida. “Estoy muy agradecida, muy feliz, muy llena de esperanza”. 

Aunque los padres se reunirán con sus hijos la noche del jueves en las oficinas del sindicato RWSDU, Luís contó que no pudo esperar hasta tarde, por lo que recibió a su madre con flores y globos cuando llegó al aeropuerto. 

“Ya había esperado demasiados años, no podía esperar algunas horas más”, dijo con emoción. “Tenía que verla, quería abrazarla y besarla, quería estar a su lado”, contó.