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Tras el silbatazo final del encuentro entre México y Estados Unidos en el estadio Azteca, se desató un diluvio que mucho hizo temer fuera el universal, en el cual Noé se vio obligado a construir un arca donde cupieran todo género de animales, humanos incluidos. Pero no fue la única tormenta que cayó, puesto que también vino la lluvia informativa y la crítica ¿especializada?, donde se vertieron conceptos tan elevados que, a lo mero macho, disto mucho de entender.

En lo que más se insistió por los “expertos” fue en el duelo táctico entre el estratega nacional, Juan Carlos Osorio y el técnico del cuadro de las barras y las estrellas, el simpatiquísimo señor Bruce Arena.

La mayoría de los analistas insisten en que el entrenador gabacho, al hacer siete cambios respecto de su última alineación, sorprendió al mundo moderno y por ende, al colombiano quién, cándidamente, cayó en el garlito.

Vayamos por partes: ¿Alguien en su sano juicio pensó que los gringos iban a venir a atacar y a proponer el partido? ¡Claro que no!, o sea, que con los que iniciaron o hasta con Donald Trump en la cancha, el esquema hubiera sido el mismo.

¿Se equivoca Osorio en el planteamiento? Considero que no. Jugar con extremos bien abiertos y laterales volantes que hicieran la pasada, eran armas suficientes para abrir el ostión gabacho. Incluso corrige al sacar a un desperdiciado Oswaldo Alanís para ingresar al puma Jesús Gallardo por la banda izquierda.

Quizá en los últimos minutos pudo meter a un centro delantero que acompañara al Chicharito Javier Hernández para que los evidentes desbordes se pudieran encontrar con un rematador, pero de ahí a tacharlo de incompetente, hay un océano de distancia.

La realidad es que México se encontró, otra vez, con su Némesis. El hueso más duro de roer en el área desde hace ya un buen rato y que recobró su identidad de la mano de un técnico experimentado y capaz. El gol de Michael Bradley, por cierto un poema, condicionó también el partido. Si vienes a especular y te ves temprano arriba en el marcador, pues el diseño se agiganta y solo una genialidad de Carlos Vela logró horadar la meta visitante para conseguir un punto que quizá sabe a poco.

Cuatro días antes, México estaba para ganar la Copa Confederaciones y hoy, según la prensa, “deja muchas dudas”. ¡Me hierve el buche, no se les da gusto con nada!

Estados Unidos es un equipo altamente competitivo, con un blindaje mental impresionante y una condición física a prueba de balas. El mejor ejemplo fue el “viejito” Damarcus Biesley, quien no paró de correr y a quien le cargaron la chamba buscando desquiciarlo.

El punto es que Arena no es mejor que Osorio como tampoco el colombiano lo sería si hubieran ganado. Ellos plantean el partido, los jugadores lo ejecutan y ahí precisamente se da el… duelo táctico.