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Texto y foto: Zaira Cortés

Cuando el presidente Donald Trump lanzó su campaña por la candidatura republicana el martes 16 de junio de 2015, lo hizo apuntando a México y sus inmigrantes. 

“Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas. Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas, pero yo hablo con guardias fronterizos y eso tiene sentido común”, dijo Trump.

El presidente no sólo ha mantenido la retórica antiinmigrante durante su administración, también ha impulsado punitivas políticas de inmigración y de deportación que mantienen en vilo a las comunidades inmigrantes de todo el país. 

Pero los mexicanos en nuestra área están respondiendo al presidente Trump, independientemente de las enérgicas protestas y movilizaciones. Trabajadores, activistas, madres, estudiantes y profesionales están enviando un mensaje contundente a la Casa Blanca. 

La serie especial “Mexicanos que valen oro” del Diario de México USA celebra el trabajo y contribución de nuestros inmigrantes para el engrandecimiento de la Ciudad de Nueva York y de Estados Unidos.

Una bisabuela con determinación de acero 

Madre de siete hijos, abuela de 18 nietos y bisabuela de seis bisnietos. A sus 74 años, Heleodora Vivar es una orgullosa matriarca de tres generaciones de mexicanos en la ciudad de Nueva York, pero su labor no se limita a cuidar de su familia. 

La inmigrante de Guerrero es una conocida activista y defensora de los derechos de los vendedores ambulantes, especialmente de los indocumentados. En los últimos años se ha plantado frente a la Alcaldía y ha marchado por las calles con el puño en alto. Es maestra de jóvenes organizadores comunitarios y líder en la organización Street Vendor Project. 

Heleodora no desea convertirse en una bisabuela que pasa los días en una silla mecedora frente al televisor, por el contrario, esta matriarca espera contagiar su determinación de acero a “esos jóvenes que temen tomar la vida por los cuernos”. 

La mujer dice tener achaques propios de la edad, pero ni siquiera el dolor de huesos más agudo la hace renunciar a su lucha diaria. No importa si las temperaturas alcanzan los 90 grados Fahrenheit, Heleodora carga con su carrito repleto de artículos, baja las escaleras de su edificio en Washington Heights y camina a su esquina de siempre, en West 177th Street y Broadway. 

Esta vendedora se las ingenia para acomodar su puesto de joyería y con alegría invita a los transeúntes a ver los aretes y collares tejidos por indígenas huicholes. Con orgullo presume la platería mexicana y cuenta cómo aprendió a fabricar pulseras en sus ratos libres. 

El sol del mediodía abrasa la ciudad, pero Heleodora se abanica con su gorra desgastada y trabaja duro sin quejarse. 

“Para mí es un verdadero triunfo que a mi edad sea tan independiente. Yo siempre me he valido por mí misma, siempre les enseñé a mis hijos a trabajar honradamente. El presidente Trump dice que los inmigrantes somos una carga para el país, que venimos a quitarle el pan a los estadounidenses, pero se equivoca”, aseguró Heleodora con determinación. “Desde que yo llegué a este país, en la década de 1980, jamás le pedí un sólo dólar de ayuda al gobierno para mantener a mis hijos. Soy una madre que lucha, que aporta a su comunidad, que cría buenos hijos”. 

 

Maestra de una nueva generación de activistas 

Heleodora es uno de los rostros más visibles de la lucha de los vendedores ambulantes para conseguir permisos de la ciudad. La matriarca confiesa que jamás se ha sentido intimidada cuando se trata de defender a sus compañeros ante funcionarios y oficiales de policía. 

“Esta ciudad puede ser muy ruda con los inmigrantes, uno tiene que aprender a defenderse, a no callar. Sí, se puede sentir miedo, pero eso no es excusa para agachar la cabeza y aceptar humillaciones. ¡No señor! Uno debe tener siempre la cabeza en alto y actuar con orgullo, porque valemos mucho”, agregó. 

Vivar llegó a la Gran Manzana en 1987, a los 42 años. Trajo a sus siete hijos de Guerrero, dispuesta a proveerles una vida libre de pobreza. En 2009, logró regularizar su estatus migratorio. 

“Cuando llegué trabajaba en fábricas planchando ropa, pero siempre quise tener un negocio propio, así que empecé a vender comida en 1997, aunque más tarde probé suerte con la joyería artesanal. Desde 2006 vendo la artesanía mexicana en el Norte de Manhattan, ya todos me conocen aquí”, expresó.

La experiencia de Vivar es una guía para jóvenes activistas, quienes esperan algún día tener su temple para luchar por las causas justas. 

El año pasado, Heleodora fue maestra de varios trabajadores y activistas en formación en un taller de liderazgo organizado por la Federación de Trabajadores de Nueva York (WCF, por sus siglas en inglés). 

“Me gusta enseñar, me gusta aportar a mi comunidad y hacer cambios. Mi propósito es luchar hasta el día de mi muerte. Quiero irme de este mundo sabiendo que dejé huella, que hice algo por los demás”, comentó. “El presidente tiene que aprender a vernos con otros ojos”.

Vivar coloca las manos en la cintura con actitud desafiante cuando habla de las políticas del presidente Donald Trump y su retórica antiinmigrante. Su rostro refleja enojo, pero también esperanza. 

“La Casa Blanca, Trump y todos sus seguidores tienen que aprender a vernos con otros ojos. Ya quisiera ver al presidente enfrentándose a las penurias que vivimos los inmigrantes, no lo soportaría ni un día. Para él es muy fácil opinar desde su oficina con aire acondicionado, pero la realidad del país está aquí, en las calles, en las fábricas, en el campo, en los restaurantes (...) Nuestros nietos y bisnietos son los herederos del país, le pese a quien le pese. Estos muchachos fueron criados por padres trabajadores, fueron educados con buenos valores. Estados Unidos tiene cara de inmigrante, esa es la cara que la Casa Blanca no quiere ver”, enfatizó.