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     El futbol ha evolucionado en todo sentido y por ello, el periodismo deportivo ha sufrido cambios también. Hace 50 años, en pleno auge del monopolio informativo ejercido por Telesistema Mexicano, lo que hoy se conoce como Televisa, la única voz autorizada era la de Ángel Fernández.

     Por supuesto que esto no significa quitarle el menor mérito al buen Ángel, ya que se trataba de una voz espectacular, que más que narrar “vendía” el futbol y que jamás hablaba mal de nadie. Además era un hombre culto, educado, poliglota y en suma, todo un caballero.

    Con el nacimiento de la competencia, encarnada por Imevisión, irrumpió otra forma de ver y comentar el balompié encarnada por José Ramón Fernández con un estilo agresivo, mordaz y con un supuesto antiamericanismo que aplaudían todos aquellos que odiaban al cuadro milloneta. Su “objetividad”, enfrentada al oscurantismo informativo con sede en Chapultepec 18 le hizo ganar adeptos y el respeto a una escuela que, aunque notoriamente a la baja, permanece hasta nuestros días.

     Por aquellos despreocupados días irrumpió en el ambiente futbolero un joven futbolista en un prematuro retiro, quién se enroló en la televisora del Ajusco, haciendo pareja con Joserra, tanto en la narración como en un programa dominical que empezaba a gozar de gran reputación: DeporTv.

        Raúl Orvañanos era el nombre de este periodista en ciernes. Había debutado muy chavo con el Atlante y defendió también la portería con las camisetas del Atlético Español y del Zacatepec. Tras colgar los guantes y los botines, fue invitado para competir con otra voz que en esos años era el emblema de Televisa y que pertenecía a otro exjugador, el buen Juanito Dosal.

       Raúl destacó de inmediato por su muy agradable estilo de conducir y narrar el más bello de todos los deportes. Más tarde emigró a Cablevisión y de ahí, el salto lógico a Televisa, donde hizo una inigualable pareja con Enrique Bermúdez. Junto al “Perro”, narraron cientos de partidos, siguieron a la Selección nacional y asistieron a varios mundiales.

     En plena Copa del Mundo de Alemania 2006 se dio el rompimiento y a partir de ahí colabora con Fox Sports, con el profesionalismo y el éxito que lo ha acompañado siempre.

     Lo sorprendente es la vigencia de Orvañanos y el hecho de seguir conservando esa frescura que lo convierte en un cómplice a la hora de escucharlo y en un innegable líder de opinión.

     En una época en que los narradores gritan, alburean y faltan al respeto al entorno; cuando aquel que se aprende de memoria nombres y estadísticas se vuelve “experto” en futbol, tenemos que aceptar que hoy cualquiera puede agarrar un micrófono y escupir cualquier cantidad de tarugadas.

     El pasado viernes fue cumpleaños de Raúl. ¿Cuántos? Es lo de menos. Su talento, capacidad y bonhomía lo hacen atemporal. ¡Grande, Orvañanos!