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El sábado tuvo lugar el cerrojazo a la liga de campeones de Europa con la gran final jugada en Cardiff, País de Gales, entre las poderosas escuadras del Real Madrid y la Juventus de Turín. La expectativa de este encuentro es tal que materialmente paraliza, durante dos horas, a todo el orbe y la derrama económica a su alrededor se vuelve casi incalculable.

El cuadro bianconero hizo un estupendo primer tiempo, pese a verse abajo en el marcador fruto de una vertiginosa jugada colectiva de los merengues, en esta ocasión vestidos de un morado color calzón de ranchera. Descontaron por la vía de una pintura de gol obra de Mario Mandzukic, pero en la segunda mitad, fueron metidos en su cancha y ahí, los reventó la superioridad técnica de los madridistas.

Quedaron de manifiesto varias cosas: Primero, el extraordinario momento por el que atraviesa Cristiano Ronaldo. Marca goles decisivos, impone récords que se antojan eternos y lidera a una escuadra para la que trabaja al parejo o más que sus compañeros.

Después cabe señalar la dignidad del perdedor. Hicieron todo por detener la avalancha hispana y cuando sonó el silbatazo final, nadie correteó a otro para sonarle, fue a reclamar al silbante, se refugió en el vestuario o cualquier otra actitud que solemos ver en nuestras canchas. La imagen del capitán Gianluigi Buffon felicitando al rival es una postal para llevarse de por vida.

Una tercera reflexión sería: ¡Qué fácil es arbitrar! Claro, cuando enfrente se tiene a este tipo de atletas profesionales. Felix Brych, abogado alemán de 41 años fue el encargado de ser el director reglamentario de este fastuoso espectáculo y lo hizo bastante bien. Es el prototipo del árbitro moderno, con gran condición física, buena calificación de faltas, criterio para dejar jugar y una colocación plena en la cancha que le permitió la cercanía al juego. Quizá mordió con demasiada facilidad el anzuelo que le tendió Sergio Ramos al exagerar un roce con Juan Cuadrado, pero ya andaba medio ardido el sudamericano quién por cierto, nomás entró para que lo echaran.

También para aplaudir la impecable organización del evento. Desde el espectáculo previo hasta la premiación. Todo está previsto y no hay aglomeraciones o personas que nada tengan que hacer en el terreno de juego.

Finalmente la premiación. Ya señalábamos el espíritu deportivo del cuadro italiano. Hicieron el pasillo al campeón, recibieron sus medallas sin hacer “panchos” de chamaquitos malcriados y esperaron en la cancha hasta el momento de irse.

     Real Madrid demostró en lo que va de este año que será complicado detenerlo y que se apunta de una vez para pelear por su decimotercera Orejona. Mientras transcurre el año futbolístico, me quedo con un gran sabor de boca aunque es… imposible no comparar.