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Por: Gery Vereau

María Luisa Rodríguez trabaja dieciséis horas diarias, de lunes a sábado, y los domingos ocho horas, preparando huaraches con dos ayudantes en Passaic. Hay días que, claro, descansa y el “changarro” queda a cargo de sus ayudantes.

Le dicen la “Reina de los huaraches”, en todo caso es una reina madrugadora y trabajadora como ninguna.

Su restaurante tiene apenas seis mesas y no quiere más, porque luego no es igual, “así me entiendo mejor con mis clientes”, dice María Luisa mientras toma dos porciones de huaraches para llevarlas ella misma a la mesa del fondo del local.

“No me pusieron el ají, pásele”, reclama a sus ayudantes frente a dos comensales, Matías Cortés, de Tlaxcala, y Miguel Sánchez, de la capital mexicana, quienes han manejado 20 millas, por unos 31 minutos, desde la ciudad de Elizabeth, para hincarle el diente a los huaraches de la doña.

“Es la segunda vez que venimos, nos dijeron que eran buenos, y la verdad que son de los meros meros”, aseguró Matías.

María Luisa comenzó vendiendo huaraches en la calle, en la delegación de Iztapalapa, al Oriente de la capital mexicana, hace 25 años.

“Nada más fue cosa de que yo quería vender antojitos mexicanos, las quesadillas, los tamales, las tortas, el atole, champurrado, y entre ellos está el huarache, y le fui encontrando la fórmula”, externó María Luisa.

“La Reina” dice que el huarache de México no es el mismo que el de Estados Unidos, allá los ingredientes son diferentes, asegura que nunca será lo mismo, aunque se asemejan, y garantiza que “aquí todo es fresco, pero no hay calidad como la de México”.

Sin embargo, tiene comensales de largo tiempo que lo encuentran de lo mejor, como Guillermo Ramírez, originario de León, Guanajuato, que está sentado en la primera mesa del “Huarache Azteca”, quien desde hace diez años visita el lugar y  platica que le gustan mucho, “vengo una o dos veces a la semana”.

Otro de los comensales de cajón es Carlos González, poblano, quien pide para llevar huaraches y quesadillas, y ya tiene 14 años visitando el lugar, que descubrió caminando por las calles de Passaic.

Su fórmula es levantarse con deseos de  trabajar y hacerlo todo con cariño

“Si uno cocina enojada la comida pierde sabor. También, por supuesto, un buen huarache depende de la consistencia de la masa, que el frijol esté fresco, que todo lo que se le pone, salsa, queso, cebolla, todo eso sea fresco. Solamente así le va a dar un buen sabor a su paladar”, explicó la cocinera.

El antojito debe su nombre, relata, a su apariencia de la suela de una “chancla”, y se le bautizó de esa manera mucho tiempo atrás hasta convertirse en un antojito mexicano muy popular.

La masa se rellena con frijoles, se le añade manteca y se pone a la plancha para que agarre temperatura, luego se le coloca encima la salsa con la carne al gusto.

María Luisa llego a la Unión Americana hace 17 años, se instaló primero en Passaic y pasó tres años trabajando en un negocio de la misma ciudad.

María Luisa siempre ha sido una mujer emprendedora, de manera que al cuarto año dijo “hasta aquí llegué. Yo soy mujer de negocios y ahora abro mi propio businnes”. Eso fue hace 14 años.

Hoy vende 200 porciones diarias de huaraches, y también otros antojitos, por ejemplo, dice que hay paisanos que vienen de Miami, y cada vez que visitan a familiares en la zona se llevan 50 o 60 tamales, pero el huarache es el amo y señor en su “changarro”.

Actualmente vive en la ruta 4, en Elmwood Park, condado de Bergen, pero no planea mover su negocio de Passaic, ni para atrás ni para adelante.

Finalmente, dice que en su éxito hay algo más que buenos y sabrosos huaraches, que puede ser eso que los estadounidenses llaman feeling con las personas.

“Posiblemente la gente me acepte por mi carácter, soy muy amigable, para mí, todos son iguales, sea el alcalde o el jornalero, el policía o el barrendero. Además a mí me gusta servir por mi misma a mis clientes, pese a que tengo personal que me ayuda, porque ellos son la razón de mi negocios y éste negocio es mi vida”, finaliza la oriunda de la Ciudad de México.