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«Las imágenes nunca son inocentes»

Daniel Prieto

Quizá todas aquellas imágenes no fotográficas que tienen la intención de comunicar algo se consideran ilustraciones: desde una simple mancha hasta la obra más elaborada.

En la frontera con la artes plásticas, la vieja polémica entre lo que se reconoce pintura e ilustración nos la resuelve la diferencia entre un escritor y un periodista. Ambos emplean los mismos materiales y herramientas pero el propósito y el resultado son bien distintos. Un escritor y un pintor trabajan por una necesidad personal de expresión. Trabajan para sí mismos.

Un periodista y un ilustrador trabajan en función de los demás; responden a una necesidad de comunicación. El ideal de los primeros es convertirse en artistas, los segundos anhelan ser profesionales.

Con objetividad hay que reconocer que la ilustración tiene como origen y destino facilitar la comprensión de una idea. Sugiriendo, insinuando, describiendo, complementando, motivando o incluso provocando, sola o acompañada de la palabra, da forma y color al pensamiento.

TRABAJO DE TRAMOYA

Una ilustración se diseña; no es sólo un dibujo bonito. Por eso no todo aquel que dibuja bien es un buen ilustrador. Al igual que los icebergs, en una ilustración la mayor parte del trabajo está oculta. La  ilustración debe contemplarse como los dos rieles de una vía de tren; uno es el concepto y otro es la realización, si falla alguno, el tren no llegará a su destino. Los durmientes serían la cultura y estilo personales del ilustrador.

La ilustración exige dedicación y autocrítica, además de una larga, larga paciencia. De esta manera el resultado será tan gratificante como un platillo delicioso; preparado con buenos ingredientes, con amor, una estupenda presentación y una buena compañía.

¡A COMER!