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En diciembre de 1823, José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra (“fray Servando”) habló claro y profético ante la inminente promulgación de la Constitución mexicana del 31 de enero de 1824:

“Señor, si tales soberanías se adoptan, si se aprueba el proyecto del acta constitutiva, en su totalidad, desde ahora lavo mis manos diciendo como el presidente de Judea, cuando un pueblo tumultuante le pidió la muerte de Nuestro Salvador, sin saber lo que hacía: Inocens ego sum, a sanguine justi huyus: Vos videritis. Protestaré que no he tenido parte en los males que van a llover sobre los pueblos del Anáhuac. Los han seducido para que pidan lo que no saben ni entienden, y preveo la división, las emulaciones, el desorden, la ruina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus cimientos.”

Y su profecía se cumplió –matices más, matices menos– luego de que nuestras Constituciones de 1857 y 1917 le otorgaran la “soberanía” a los estados de la Unión que hoy forman parte de nuestra federación. En el libro “Padre Mier. Vida y Pensamiento”, el doctor Rafael Estrada Michel, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nos muestra la manera en que la Ciencia del Derecho y la Historia suelen alimentarse (nutrirse poderosamente) de muy selectas obras de personajes públicos, pero catapultadas con reflexiones personales de gran valía.

A lo largo de 213 páginas, Estrada Michel logra que echemos de menos a ingenios y personalidades como las de “fray Servando”. Y más si la base de nuestra comparación intelectual es el documento que tiene la pretensión de convertirse en la primera Constitución de la Ciudad de México.

¿Por qué lo digo? Porque la cultura jurídica del padre Mier regalaba perlas proféticas como la siguiente: “[…] yo convengo en que todo país que no se basta a sí mismo para repeler toda agresión exterior es un soberanuelo ridículo y de comedia”. ¿Cómo perdieron tantas tallas (intelectuales y patrióticas) los que ahora nos representan –dicen ellos– en el Congreso?

* El autor es abogado, periodista y administrador. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados (BMA) y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE Colegio). Profesor de posgrados en Alta Dirección y Derecho en la UNAM, EBC, UP, ICAMI y HC Escuela de Negocios.