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Por: Zaira Cortés

NUEVA YORK – Cuando el presidente Donald Trump lanzó su campaña por la candidatura republicana el martes 16 de junio de 2015, lo hizo apuntando a México y sus inmigrantes.

“Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas. Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas, pero yo hablo con guardias fronterizos y eso tiene sentido común”, dijo Trump.

El presidente no sólo ha mantenido la retórica antiinmigrante durante su administración, también ha impulsado punitivas políticas de inmigración y de deportación que mantienen en vilo a las comunidades inmigrantes.

Pero los mexicanos en nuestra área están respondiendo al presidente Trump, independientemente de las enérgicas protestas y movilizaciones. Trabajadores, activistas, madres, estudiantes y profesionales están enviando un mensaje contundente a la Casa Blanca.

La serie especial “Mexicanos que valen oro” del Diario de México USA celebra el trabajo y contribución de nuestros inmigrantes para el engrandecimiento de la Ciudad de Nueva York y de Estados Unidos.

Un padre entregado a sus hijos

Policarpo Cortés se considera un hombre sencillo que poco le pide a la vida. Desde que emigró a la Ciudad de Nueva York arropa dos sueños por los que ha trabajado sin descanso, ya sea bajo el sol inclemente de un mediodía veraniego o soportando las temperaturas congelantes del invierno.

Para este padre de tres jóvenes universitarios no hay descanso. Cuando abre los ojos pos las mañanas, lo único en lo que piensa es en vender fruta y aguas frescas en la esquina de la calle 51 y la Quinta Avenida en Sunset Park, un sector de Brooklyn predominantemente mexicano y latino.

Cortés paga los estudios universitarios de sus hijos con las ventas del día. De joven quería ser músico, pero abandonó su talento para tocar diferentes instrumentos cuando nacieron sus “tesoros”, como  llama cariñosamente a sus hijos.

El comerciante se propuso “trabajar hasta partirse la espalda” con tal ver a sus tres hijos graduarse de la universidad, un sueño que está a punto de lograr. Uno de ellos está a dos semestres de graduarse como arquitecto en México.

“Tengo dos hijos estudiado en México y uno aquí, en LaGuardia Community College. Los tres me necesitan más que nunca y estoy haciendo hasta lo imposible para apoyarlos. Yo no tuve ninguna oportunidad en México, no había forma de progresar. Emigré en 2003 obligado por la pobreza, cruzar la frontera era la única manera de ayudar a mi familia”, dijo Cortés. “Ningún padre quiere estar lejos de sus hijos.  Los inmigrantes no nos despedimos por gusto, no venimos a Nueva York de vacaciones. Aquí se sufre mucho, pero es la clase de sacrificio que un padre hace por sus hijos”.

El comerciante contó que ganar cada dólar vendiendo frutas y aguas frescas en la calle es una odisea digna de guerreros. Las temperaturas extremas es el menor de los problemas.

“Es una pesadilla aguantar esos veranos de fuego en las calles. Y no se diga de vender en el invierno. Los huesos me duelen hasta la médula de tanto frío, pero el verdadero dolor de cabeza de los vendedores es la policía. Los oficiales frecuentemente nos multan y nos quitan la mercancía”, expresó. “Las ventas del día son pocas, apenas alcanza para enviar remesas y para pagar la renta. Yo no puedo pagar una multa de mil dólares. Me llevaría meses juntar todo ese dinero. Es muy difícil ganarse la vida como un vendedor ambulante. Es realmente duro”.

Luchando por justicia laboral

Cortés admite que sintió miedo cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales. Imaginó que el asedio de la policía incrementaría debido a las políticas antiinmigrantes de la nueva administración. Se sintió impotente por su futuro y el de sus hijos, aunque más tarde su temor se apaciguó un poco cuando el alcalde Bill de Blasio recordó a los inmigrantes que Nueva York es una ciudad santuario.

“Yo soy un vendedor de fruta, no de droga. Ser mexicano no me hace un criminal, por el contrario, soy un buen ciudadano. Trabajo duro, pago mis impuestos y tengo tres hijos universitarios. Es muy difícil luchar por justicia laboral para los vendedores cuando también hay que luchar por justicia para los inmigrantes. Yo lucho todos los días, mi vida en Nueva York es de lucha”, dijo.

Cortés decidió emprender su negocio de frutas y aguas frescas después de trabajar por cuatro años en fábricas y bodegas. Desde hace una década ha vendido sus productos en las calles, es el mismo tiempo que lleva luchando por los permisos que la Ciudad dejó de emitir desde principios de la década de 1980.

Actualmente hay un límite en el número de carritos de comida permitidos en las calles de la ciudad. El Departamento de Salud congeló la expedición de permisos para vendedores de alimentos, alrededor de 4,235. El límite ha generado un mercado negro en el que una licencia puede costar entre $5,000 y $25,000 dólares cada dos años.

“Sueño con que mis hijos se gradúen de la universidad y con tener un permiso para vender comida y me las he rebuscado para concretar esos sueños”, dijo Cortés.

Policarpo es miembros de Street Vendor Project del Centro para Justicia Urbana, la organizan detrás la campaña para obtener los permisos para vendedores de alimentos.

“La mayoría de vendedores somos inmigrantes y personas de color, eso nos hace blanco de las políticas del presidente Trump. Por eso estoy más animado que nunca de seguir luchando por justicia laboral. No sólo se trata de mí, sino de toda una comunidad de inmigrantes. Hay muchas familias que necesitan esos permisos”, expresó el comerciante. “Tengo determinación. No hay otra forma de decirlo. Así somos los inmigrantes. Si no tuviéramos valor no cruzaríamos la frontera, no emprenderíamos negocios y no saldríamos a las calles a protestar. Somos gente valerosa”.

“Soy un inmigrante, como la madre del presidente”

Cortés recordó un artículo de prensa que lo impresionó tanto como cuando Trump ganó las elecciones. Mary Anne MacLeod, la madre del presidente, sólo traía consigo unos $50 dólares (Cerca de $700 de hoy) cuando desembarcó en Nueva York el 11 de mayo de 1930.

La mujer había entrado legalmente a Estados Unidos procedente de su natal Escocia, contario al mito de que primero viajó como turista. De acuerdo con la BBC, el nombre de MacLeod aparece en los registros de inmigración de la época digitalizados por la Fundación Estatua de la Libertad, que conserva los datos de más de 51 millones de viajeros que llegaron a Estados Unidos entre 1892 y 1957 a través la Isla de Ellis y del puerto de Nueva York.

“La madre del presidente vino como yo y como cualquier otro inmigrante: con muchos sueños y muy poco dinero. Ella emigró legalmente en barco, otros tuvimos que cruzar la frontera con México. Ella trabajó como empleada de casa, otros vendemos fruta o trabajamos en la construcción. Espero que el presidente recuerde de dónde viene y que su madre tiene mucho en común con las comunidades de inmigrantes y refugiados”, dijo Cortés.