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Se jugaba el tercer set cuando los gritos escalofriantes de la estadounidense Bethanie Mattek-Sands hicieron eco en la cancha siete de Wimbledon. La tenista de 32 años se destrozó la rodilla al pisar mal cuando intentaba atacar el envío de la rumana Sorana Cirstea.

La norteamericana cayó al césped y mientras su rival cruzaba la red, Mattek-Sands suplicaba la entrada de las asistencias médicas: “¡Ayúdenme, por favor, ayuda, necesito ayuda!”.

Al ver la rodilla maltrecha de la estadounidense, Cirstea reaccionó espantada. “¡Ayúdenme!”, repitió Mattek-Sands en más de 10 ocasiones entre gritos de desesperación que evidenciaron el estado de shock de la deportista. “¡Dios mío, Dios mío!”. En las gradas al menos una persona sufrió un desmayo ante tal escena.

"Me dio pánico. Nunca había visto una lesión así antes, su rodilla estaba realmente en un estado horrible. Es algo que sólo ves en las películas", narró Cirstea.

Tras la desafortunada acción, la rótula de la rodilla derecha se desplazó de forma ascendente. "Intenté reconfortarla, pero me dio miedo. Me sentía impotente…  si hubiera podido hacer algo...  No le desearía eso ni a mi peor enemigo. El tiempo hasta que llegó la atención médica me pareció una eternidad", continuó Cirstea.

 

La tenista abandonó la cancha en camilla y a falta del parte médico, Mattek-Sands muy probablemente ingresará a quirófano.