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En la sindicatura de San Pedro, municipio de Navolato, la pequeña Dayana encontró en su casa cinco pesos y fue a la tienda a comprar bolis. No era la primera vez que sola iba a la tienda. Son espacios donde la gente se conoce entre sí.

Llegó al abarrote, compró sus dos bolis congelados y de regreso a casa, la niña que el 3 de julio próximo cumplirá seis años, fue interceptada por una persona, al parecer de estatura baja, moreno y con bigote. Le tapó la boca y la echó a una camioneta guinda, con rayas azules.

Una vecina acudió a la casa Alma Daniela, la madre de Dayana, para decirle que un carro se llevó a la menor. Inmediatamente, Alma avisó a los tíos y al abuelo quienes en moto y en carro siguieron la camioneta, pero no la alcanzaron.

La niña Dayana vive con su joven madre de 22 años de edad, padrastro, y abuelos.

Jesús Alejandro, padre biológico de la pequeña, fue desaparecido desde el jueves pasado y encontrado muerto el domingo. El lunes lo enterraron y el martes pasado privaron de la libertad a la niña, su hija.

La mamá no cree que alguien de la familia paterna se haya llevado a la menor. Señala que desde que se enteraron que está desaparecida, han estado hablando, preguntando por ella.

Como madre hace una exigencia: le regresen a su hija. “Que tengan el corazón blandito, que me ayuden a encontrarla”, dice.

Gregorio, el abuelo, también duda que la familia paterna se haya llevado a Dayana, debido a que ni su papá cuando vivía, tías, o abuelos, la pelearon. Al contrario, su padre en vida, cuando se separó de su hija, se la encargó como oro.

“Él nunca anduvo peleando a la niña, él me dijo, ‘se la voy a dejar don Goyo, pero cuídela como si fuera suya’, ‘¡no!’, le dije, ‘la niña es mía, yo la voy a cuidar como un oro'”, mencionó el abuelo materno de Dayana.

Desde que nació Dayana, recuerda el abuelo, él estuvo al pendiente de la bebé. Creció con ellos. Mientras su madre se iba a trabajar al campo, él y su esposa, la cuidaban.

Entre los 2 y 3 años de edad Dayana vivió con sus padres. Hasta que Jesús Alejandro se separó e hizo otra familia. De igual forma, Alma Daniela, quien se juntó con otra persona con quien tiene una bebé de dos meses de nacida.

Aun cuando la gente de San Pedro piden busquen a la niña en Oaxaca, tampoco creen esté allá. En Oaxaca Dayana tiene dos tías, sin embargo, a cada rato están hablando “llore y llore” preguntando por ella. La quieren un “chingo”, exponen. Nunca la pelearon.

Gregorio confía que su nieta está bien, así se lo dice su corazón. “Presiento que mi hija está bien, tengo más fe de que esté viva”, cuenta.

Desde la mañana del martes que se la llevaron no tiene descanso. No pudo dormir pensando en su nieta. No sabe cuánto aguantará.

Cuando su nieta regrese seguirá al pendiente de ella. La sacará adelante como así lo ha hecho en estos casi seis años, dice.

A las personas que se la llevaron les pide le digan dónde tienen a Dayana para ir por ella. A la hora que sea, y a donde sea, va por su nieta. La quiere de regreso en casa. Con ellos, donde debe estar.

No tiene idea quién se la llevó. Los vecinos hacen referencia a que la persona que le tapó la boca, la agarró de su pancita y la echó a la camioneta no es de ahí.

“Que regresen a Dayana, lo que le quieran hacer a ella, que vengan para acá conmigo, o que me digan dónde, yo voy, hablo con ellos, y yo les explico las cosas, la niña es mía, por qué le van a hacer daño”, pide.

En lo personal nunca ha tenido pleito con nadie, dice. “Yo la crié”, reitera el abuelo. “Desde que estaba ‘chiquitita’. Yo la navegué”, enfatiza.

Desde que se la llevaron nada saben. Recibieron una llamada diciéndoles que a la niña “pelirroja” la habían visto en El Pabellón. Hasta allá fueron desesperados a buscarla, pero no, mentira. Falsa alarma.

No tienen dinero. La casa donde viven es prestada. Esperan que la Fiscalía General del Estado revise las videocámaras y siga la trayectoria del vehículo donde se llevaron a Dayana.

En San Pedro los vecinos están al pendiente de la familia de Dayana. Van a casa y preguntan si ya apareció. Tanto en la sindicatura, como en la cabecera de Navolato están colocando fotografías de la niña en espera que alguien les diga dónde encontrar a la pequeña.

En casa de Dayana, su familia espera debajo de un árbol buenas noticias. Quieren saber que la encontraron con bien.